TECNOLOGíA

¿A qué sabe la comida impresa?

¿A qué sabe la comida impresa?

Por Pedro García Campos | 14-11-2019

Johann Wald

Johann Wald

Reportero El Futuro es Apasionante

Las evidencias arqueológicas acerca del momento exacto en que nuestros antepasados comenzaron a cocinar los alimentos no son concluyentes. Un estudio de la universidad de Harvard publicado hace ocho años aseguraba que el homo erectus ya cocinaba hace casi dos millones de años, pero hay científicos que desconfían de este dato y sitúan este paso tan relevante para nuestra evolución mucho más cerca (hace unos 400.000 años). Sí sabemos, sin embargo, lo que significó para la especie: cocinar hizo que aumentara el tamaño de nuestro cerebro, nos permitió extraer más energía de los alimentos, nos hizo más sociables, facilitó las migraciones y fortaleció nuestro sistema inmune. Fue, en definitiva, un avance gigantesco en el camino evolutivo. La cocina no solo significó una revolución para la supervivencia, también adquirió desde etapas muy tempranas un componente ritual importante. Así lo demuestran los restos más antiguos de pan que se descubrieron en 2018 en Jordania, datados en la Edad de Piedra hace unos 14.400 años. Los arqueólogos que hicieron el descubrimiento aseguran que el pan (procedente de cereales salvajes, puesto que es anterior al nacimiento de la agricultura) podría ser utilizado para algún tipo de ceremonia religiosa.

Algo de ceremonial tiene también -aunque en otro nivel muy distinto- las operaciones previas a la impresión de un bistec vegetal. Aquí la conjugación de los tres términos ya muestra la peculiaridad del alimento a consumir. Porque un filete suele proceder de un animal y su extracción se realiza a cuchillo, no sale de una boquilla de impresora para darle forma. El responsable de este experimento que también pretende convertirse en una revolución es Giuseppe Scionti, fundador de Nova Meat, una compañía que se dedica a la impresión de fibras vegetales (provenientes principalmente del guisante o el arroz) con forma de pequeños filetes para ser consumidos por humanos. Que nuestra forma de alimentarnos debe ser modificada si queremos conservar la salud de nuestro planeta es ya también una evidencia que muy pocos se atreven a discutir. Y una de las formas en las que se está avanzando para realizar este cambio de hábitos alimenticios es la sustitución de la carne proveniente de sacrificar animales por un sucedáneo (ya sea vegetal o facturado a partir de células madre) que resulte más sostenible. Después, claro, vendrá el paso de conseguir que prototipos como los que Scionti ya consigue imprimir tengan un sabor atractivo y puedan ser producidos a gran escala. Nuestro experto en cocina, Johann Wald, ha estado en Barcelona con el científico milanés para convertirse en una de las primera personas en el mundo que prueba estos bistecs impresos.

Edición: Pedro García Campos | Douglas Belisario
Texto: José L. Álvarez Cedena