TECNOLOGíA, TRANSPORTE

Autónomos e híbridos, la próxima aviación limpia

Autónomos e híbridos, la próxima aviación limpia

Por Azahara Mígel | 24-04-2018

Drew Magill

Drew Magill

Director de marketing de Boeing

“La tecnología de los aviones actuales está mucho más desarrollada de lo que estaba hace diez años. Todavía tienen alas, todavía tienen motores, pero son muy diferentes”. Drew Magill, director de Marketing de Boeing, utiliza conscientemente una exageración para ilustrar los grandes cambios que ha sufrido la aviación durante la última década. Y lo hace como demostración de que es difícil imaginar hasta dónde puede llegar esta industria en los próximos diez años. No en vano, como él mismo recalca, todo lo que tiene que ver con el vuelo está fuertemente ligado a los avances tecnológicos. Ha pasado menos de un siglo -91 años- desde que Charles Lindbergh cruzara el Atlántico desde Nueva York hasta París a bordo del Spirit of St Louis. Aquel avión, como dice Magill, también tenía alas y un motor. Pero ahí se acaban las similitudes con las decenas de miles de aparatos que hoy despegan diariamente desde cualquier aeropuerto del mundo. La cabina del avión de Lindbergh era tan pequeña que el piloto no podía estirar las piernas y para ver lo que tenía frente a él debia usar un periscopio, puesto que la aeronave sólo contaba con ventanillas laterales. Aquel aparato fue toda una revolución para la rústica aviación de la época y Lindbergh se convirtió en un héroe y una celebridad gracias a las 33 horas que pasó pilotándolo (incluso Billy Wilder le dedicó una película en la que James Stewart interpretaba al protagonista).

Aunque algunos de los retos a los que se enfrentan los aviones actuales son parecidos a los que quitaban el sueño a aquellos pioneros (como, por ejemplo, la seguridad), hay otros muy distintos. El impacto que la quema indiscriminada de queroseno tiene sobre el medio es uno de ellos. En este sentido, la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional), organismo dependiente de Naciones Unidas, adoptó el pasado año una nueva norma para el diseño y fabricación de aeronaves que busca reducir la emisión de los gases de efecto invernadero de los aviones. Magill reconoce que, aunque aviones de su compañía como el 737 Max ya disminuyen en un 20 las emisiones de CO2, la posibilidad de conseguir aparatos completamente eficientes que funcionen con energías limpias como la eólica o la solar está todavía lejos. Lo más parecido que se vislumbra de momento es un proyecto denominado Sugar Volt en el que Boeing participa junto a la NASA. Este avión, que todavía no tiene fecha para iniciar sus operaciones, será un híbrido con turbinas convencionales de queroseno para el despegue y motores eléctricos para el vuelo. Se cree que este tipo de aviones podría reducir hasta en un 70 por ciento las emisiones y rebajaría también la contaminación acústica. Mientras llega ese momento, la aviación sigue sorprendiéndonos con nuevas capacidades como la autonomía en el pilotaje de los aparatos o la posibilidad de recoger datos de cada vuelo para analizar hasta el más minimo detalle del mantenimiento que requiere el avión.

En el futuro, asegura Magill con entusiasmo, “estaremos mucho más conectados, el coste de los viajes seguirá cayendo en términos reales y la experiencia será mejor. Es un sector en crecimiento en el que surgen nuevas tecnologías cada día”. Así que ante semejantes perspectivas, que los aviones sigan teniendo alas no parece demasiado preocupante.

Edición:  Azahara Mígel | Cristina López
Texto: José L. Álvarez Cedena