MEDICINA, PREOCUPACIONES GLOBALES, TECNOLOGíA

Democratizar la medicina gracias al desarrollo tecnológico

Democratizar la medicina gracias al desarrollo tecnológico

Por Zuberoa Marcos | Noelia Núñez | 10-01-2017

José Gómez Márquez

José Gómez Márquez

Director del Little Devices Lab, MIT

Cuando era un niño en Tegucigalpa, Honduras, José Gómez Márquez desarmaba todos los juguetes con la excusa de arreglarlos. Incluso cuando no estaban estropeados. Lo que el pequeño José buscaba era entender su funcionamiento, ver cómo giraban las ruedas, encajaban las piezas o se conectaban los cables. Hoy sigue haciendo lo mismo, pero ya no necesita excusas. El laboratorio que Gómez Márquez dirige en el MIT es una mezcla de taller mecánico, depósito de juguetes y oficina de nuevas tecnologías. Junto a aparatos de precisión se pueden ver diseminadas piezas de colores chillones que antes de caer en sus manos y en las de su equipo tal vez fueran un yoyó, una pistola de agua o un cochecito de carreras. Después de pasar por el Little Devices Lab saldrán convertidos en instrumental médico barato para resolver problemas en países pobres.

El hondureño se ha convertido gracias a su empeño e imaginación es una especie de héroe para el movimiento maker. Comprometido con las necesidades que encaran los médicos y el personal sanitario que trabaja en países pobres, Gómez Márquez lleva varios años haciendo más fácil su trabajo a través del diseño de dispositivos baratos capaces de funcionar en situaciones complejas. Gran parte de los equipos médicos que se utilizan en zonas pobres son donados por diferentes instituciones o gobiernos, pero la mayoría de este instrumental deja de funcionar pocos meses después de comenzar a utilizarlo. El resultado son trastos de millones de euros parados en hospitales o centros médicos que nadie sabe reparar. Es la consecuencia de lo que Gómez Márquez denomina “tecnologías de caja negra”: dispositivos cerrados, que nadie se atreve a desmontar para estudiar su funcionamiento por temor a estropearlos y, por lo tanto, imposibles de mejorar o modificar para adaptarse a las necesidades de los médicos.

Un botiquín de primeros auxilios que incluye piezas al estilo de Lego para armar herramientas médicas, un inhalador fabricado con una bomba de aire para inflar ruedas de bicicleta o cintas de detección de virus hechas con filtros de cafetera son algunas de las ideas que han salido de su laboratorio. La imaginación del equipo de Gómez Márquez no tiene límites, aunque se mueve en unas coordenadas eminentemente prácticas: las de quien conoce sobre el terreno las necesidades, recursos y posibilidades de los lugares donde tienen que llegar sus dispositivos.

“Mi sueño es que cuando alguien llegue a un hospital de África o de Centroamérica a vender una cinta de detección de ébola o zika por 20 dólares, el médico saque una de su bata y le diga: aquí tengo yo está que me costó un dólar, dígame cuál es la diferencia entre ambas”. En su precio, es evidente. En su utilidad, Gómez Márquez lo tiene claro: no habrá ninguna. Pero la mayor diferencia estará en hecho moral de no convertir la salud en un negocio, sino conseguir que sea verdaderamente un derecho.

Edición: Noelia Núñez | Douglas Belisario
Texto: José L. Álvarez Cedena

Transcripción de la conversación
JOSÉ GÓMEZ MÁRQUEZ
00:00
Arthur C. Clarke dijo “toda tecnología avanzada no se distingue de la magia”. Para mí eso está muy bien hasta en el momento en que crea una situación donde las tecnologías se vuelven cajas negras. Si yo tomo esta pistola de juguete, tiene más partes esta pistola de juguete que este otro inyector. Pero esto cuesta 12 dólares y esto cuesta 650. Y la medicina que está ahí, que es lo que realmente te salva la vida, que también podía utilizar una inyección, sabemos que solamente cuesta un dólar.

En Estados Unidos hubo un escándalo porque se dieron cuenta que al EpiPen, que es un autoinyector de epinefrina, le subieron los precios de 50 dólares a 650 dólares en los últimos cinco años. Simplemente porque podían.
JOSÉ GÓMEZ MÁRQUEZ
01:16
El Little Devices Lab lo comenzamos hace unos años porque sabíamos que había una comunidad en Estados Unidos que se llaman makers, pero ahora es un concepto universal, gente que hace cosas con las manos. Hacen drones, hacen satélites… Y entonces lo que nosotros hacemos es ver la creatividad de esta comunidad y la necesidad de los hospitalarios, y la necesidad que ellos también tienen, de cómo los podemos acercar. Lo que nos dimos cuenta es de que había una gran oportunidad en crear instrumentos económicos y, yo le digo, con diseño transparente, en Europa y en Estados Unidos también. A medida que la tecnología médica ha avanzado, en los últimos tres años en particular, ha creado una divergencia de acceso. En que si yo te doy un termómetro que se conecta a una app para el teléfono, ese termómetro te cuesta 30 euros. Y una persona que está, por ejemplo, con ayuda del Gobierno, no va a gastar esa cantidad de dinero. Los makers y esa capacidad de ver esos instrumentos con una lente transparente, tienen la capacidad de decir que eso no cuesta 30 dólares, eso cuesta 5.
JOSÉ GÓMEZ MÁRQUEZ
02:38
Este test de embarazo lo único que hace es que lee el resultado que está aquí y por eso entonces te muestra embarazada o no embarazada en letra digital. Puede costar hasta 17 dólares. Sin embargo, este test, que lo compras en Amazon, cuesta como un dólar. Cuesta exactamente lo mismo. Entonces nosotros tomamos toda la ciencia que está aquí y dijimos bueno… Hay un montón de laboratorios que nosotros llamamos de papá y mamá. Son laboratorios de un comedor, pero lo mejor es que tienen un personal que sabe utilizar sus manos. Lo único que necesitan son materiales. Entonces creamos una iniciativa que se llama Open Diagnostics. La idea es cómo les enseñamos a toda la gente a usar esto, no solamente publicando las instrucciones, sino también dándoles la materia prima para que ellos hagan uno por uno, paciente por paciente, los diferentes exámenes diagnósticos. Aquí tienen la solución química e instrumentos básicos para que después de unos cuantos pasos, uno pueda llegar a algo que se parece mucho a esto.
JOSÉ GÓMEZ MÁRQUEZ
04:03
Mi sueño era, y sigue siendo, que cuando una compañía saque una prueba rápida para ébola o para zika o para lo que sea y llegue al hospital y se la venda en África o en Centroamérica a 20 dólares, que es muchas veces lo que cobran por una cinta normal, que el doctor simplemente se saque una de la bolsa y le diga: “Ah, esta son las que nosotros hicimos por un dólar. Cuénteme la diferencia de la suya”.

Una fundación aquí en Estados Unidos nos llamó y nos dijo: “Nos dimos cuenta que usted trabaja mucho con enfermeras en Centroamérica y ha descubierto que son creativas. Son los hackers del hospital. Nos empezamos a dar cuenta que había diferentes aparatos que evidentemente eran hechos a manos. Todos esos aparatos eran hechos por las enfermeras, pero las enfermeras no le cuentan a nadie, lo hacen simplemente para salvarle la vida a los pacientes.
JOSÉ GÓMEZ MÁRQUEZ
05:00
Tenemos una enfermera, por ejemplo, que modificó una venda que se utiliza para quemaduras muy grandes y la cortó de diferentes geometrías con diferentes capas antibacteriales y eliminó una operación de dos días para los niños recién nacidos que nacen con una condición de los intestinos que están fuera del abdomen. Y los intestinos de los niños descienden después de tres semanas y entonces solamente tienen que hacer una operación básicamente de cosmética para cerrar, pero no para no para empujar, y le salva al hospital de Corpus Christi Texas un millón de dólares al año en cirugías evitadas.

Hace 100 años publicábamos libros médicos en que a las enfermeras se les enseñaba hacer diferentes cosas. Y se enseñaba no en cómo desarrollar ciencia, sino en cómo improvisar aparatos para el cuidado del paciente. Estas enfermeras no tenían un Arduino, no tenían una impresora en tres impresiones, no tenían una comunidad en línea en la que podían cooperar en Italia, en Estados Unidos y en Nicaragua y comparar notas. Si podemos volver a lo que ya el arte de la medicina ya sabía hacer… Mi misión es reconvencer a este personal de que sí pueden participar y quiere decir que pueden correr al mismo paso que la industria médica.