DIVULGACIóN, TECNOLOGíA

Estamos muy lejos de Westworld… pero no de Black Mirror

Estamos muy lejos de Westworld… pero no de Black Mirror

Por Azahara Mígel | 08-07-2018

Ramón López de Mántaras

Ramón López de Mántaras

Dir. Instituto de investigación en Inteligencia Artificial, CSIC

Tal vez para usted un olvido catastrófico sea no llamar a su madre el día de su cumpleaños. O dejarse en casa los pasaportes justo el día en que inicia el viaje soñado. Pero para una inteligencia artificial la cosa es más grave todavía. Una máquina puede aprender muchas cosas, algunas incluso de una gran complejidad. Pero solo de una en una. Si enseñamos a un robot a dominar una tarea, cuando le iniciemos en el aprendizaje de una segunda, olvidará todo lo anterior. A esta característica de la inteligencia artificial se la denomina precisamente “olvido catastrófico” y superarlo es uno de los retos más interesantes a los que se enfrentan los expertos como Ramón López de Mántaras, director del Instituto de Investigación de Inteligencia Artificial del CESIC. El científico catalán cree que, de momento, no podemos dejar las cuestiones importantes solo en manos (o cerebros) de los robots: “el binomio persona máquina produce una sinergia, y el resultado de la decisión tomada es mejor que cualquiera de los dos por separado”.

Estamos lejos, entonces, de tener que encarar dilemas como los que enfrenta el personaje de Robert Ford en Westworld, la serie de HBO que plantea, más que debates tecnológicos, cuestiones éticas referentes a las posibilidades que nos ofrecerá la inteligencia artificial en el futuro. Un futuro, por cierto, que a López de Mántaras se le antoja todavía distante en el tiempo: “estamos muy lejos todavía de Westworld. Es una ciencia ficción muy ficción. Pero de Black Mirror… no. Hay riesgos que ya los tenemos encima de la mesa, que no son de futuro”. Riesgos como la privacidad o el control de la ciudadanía son reales y ocupan las agendas de políticos, empresas e instituciones.

López de Mántaras se apasionó por la tecnología cuando siendo un adolescente pudo ver en televisión a Neil Armstrong poner un pie en la Luna. Tenía 17 años y, según ha contado en varias entrevistas, al día siguiente su profesor de matemáticas le dijo que aquello había sido posible gracias a la electrónica. Fue el nacimiento de una pasión que le ha llevado a ser uno de los científicos más admirados de nuestro país y uno de los grandes expertos mundiales en inteligencia artificial, actualmente dedicado a la investigación del aprendizaje máquina. Una pasión que, sin embargo, no tiene claro si servirá para hacer mejores nuestras vidas: “Si la inteligencia artificial nos va a hacer más felices o no es una gran pregunta. Cada vez estamos mas estresados, estamos montados en un tren que va a toda velocidad y no sabemos muy bien en qué dirección”. La reflexión de López de Mántaras, que excede de nuevo lo tecnológico para rozar el terreno de lo filosófico o lo espiritual, hace recordar algunas de las frases más inquietantes pronunciadas por Robert Ford en Westworld: “Podemos curar cualquier enfermedad, mantener vivo incluso al más débil de nosotros, y, ya sabes, un buen día quizás incluso resucitemos a los muertos. Lázaro nos llama desde su cueva. ¿Sabes lo que eso significa? Significa que hemos terminado. Que esto es lo mejor que obtendremos. También significa que debemos ser indulgentes con los errores ocasionales”. Palabras irónicas, preñadas de un pesimismo que no comparte necesariamente el científico español, quien cree que si la inteligencia artificial se utiliza adecuadamente (para mejorar la salud o reducir las jornadas laborales), repercutirá positivamente en nuestras vidas. Pero también alerta de que si permitimos que un sistema neoliberal salvaje tome las riendas, terminaremos mucho peor de lo que estamos ahora. Dentro de 20 años “los dos escenarios, asegura, son a día de hoy perfectamente posibles”. La buena noticia es que lo que ocurra dependerá de nosotros, de todos nosotros…

Edición: Azahara Mígel | Douglas Belisario
Texto: José L. Álvarez Cedena