CIENCIA, ROBóTICA, TECNOLOGíA

La adolescente capaz de conectar su cerebro a un ordenador

La adolescente capaz de conectar su cerebro a un ordenador

Por Azahara Mígel | 17-02-2019

Ananya Chadha

Ananya Chadha

Desarrolladora de Interfaces cerebro-ordenador

En su deliciosa novela Matilda, Roald Dalh lanzaba un canto de amor a la curiosidad infinita que todos, este es el secreto, tenemos en la infancia. Y apuntaba con sus siempre certeros e irónicos dardos a los adultos que cercenamos esas ansias de conocimiento hasta conseguir que los niños se parezcan a nosotros. Es decir, que dejen de inventar, de crear, de preguntarse por lo que les rodea y se conviertan en seres planos y conformistas. En su historia Dalh dota a Matilde de poderes extraordinarios, como mover objetos con la mente, con los que castiga a los adultos mediocres que le rodean. Es la suya una telequinesia vindicativa y guasona. Sin embargo, lo de mover objetos con la mente -una vieja aspiración esotérica y terreno de la ciencia ficción cuando el libro se publicó en 1988- es hoy (casi) una realidad. Y una de las personas que más está apostando para que sea una tecnología tangible no tiene muchos más años que la propia Matilda. A sus 16 años Ananya Chadha se describe a sí misma en su web como “una chica de Toronto que cree que el único camino para crear el mejor futuro para la humanidad es incrementar nuestra inteligencia. Por eso estoy tan interesada e implicada en el campo de los interfaces cerebro-ordenador”.

La descripción de Chadha encaja a duras penas con la de la adolescente que es, porque a su edad se supone que son las hormonas las que toman el mando de las operaciones, echando al traste cualquier cosa que interfiera en tener una cuenta de Instagram con el mayor número de seguidores posible. Pero obviamente, ella no es una chica normal, como lo demuestra que sea una experta en la tecnología Blockchain o que colabore habitualmente con empresas como Microsoft. Uno de los terrenos que más le interesa es, precisamente, la posibilidad de controlar objetos -robots u ordenadores- con nuestro cerebro: “el problema que encontramos es que el hardware que tenemos es realmente malo, así que es difícil conseguir buenas ondas cerebrales”. Chadha trabaja con interfaces ideados por ella misma que conecta a través de electrodos a su cerebro para mover pequeños robots. La razón por la que ha elegido una tecnología que promete ser disruptiva, es que se trata de un campo de enormes posibilidades de desarrollo durante, tal vez, un par de décadas “y tengo todo el futuro por delante”. Chadha cree que sus investigaciones pueden tener una gran repercusión en el terreno de la salud, de ahí que sus últimos inventos estén dirigidos hacia la construcción de prótesis que, conectadas al cerebro, permiten al paciente mover el brazo como si fuera su propia extremidad.

Esta posibilidad de comunicarnos con las máquinas (e incluso entre nosotros) directamente a través del cerebro, abre también la puerta a la posibilidad de que alguien hackee los pensamientos o la información de otra persona. Así que Chadha, en lugar de preguntarse como hacen la mayoría de sus contemporáneos por cuál la siguiente serie que va a triunfar en Nettflix, o si Nicky Minaj dará un giro a su carrera, se cuestiona sobre la posibilidad de que alguien controle nuestras emociones a través de la tecnología. Y, lo que es más importante, si todos estos avances tan vertiginosos nos hacen más felices. Pero, por más extraordinarias que sean sus capacidades, Ananya Chadha es una adolescente que se identifica con su generación y cree que los jóvenes, gracias al libre acceso a la información que propicia Internet y a la posibilidad de conectarse con millones de personas, están más que nunca preparados para cambiar el mundo.

Edición:  Azahara Mígel | Cristina López
Texto: José L. Álvarez Cedena