ASTRONOMíA, TECNOLOGíA

La increíble experiencia de probar la ingravidez

La increíble experiencia de probar la ingravidez

Por Noelia Núñez | 08-01-2019

Jean-François Clervoy

Jean-François Clervoy

Astronauta de la ESA y presidente de Novespace

93 veces 22 segundos puede parecer poco tiempo. De hecho, lo es. Sumado se trata de poco más de media hora (34 minutos), pero puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso. Bien lo saben los estudiantes europeos que, cada año, se presentan como candidatos al proyecto Fly Your Thesis de la Agencia Espacial Europea, gracias al cual pueden realizar sus experimentos en condiciones de gravedad cero 22 segundos en 31 vuelos durante tres jornadas consecutivas. Aunque solo sea por las imágenes de misiones espaciales que hemos visto en televisión o gracias a las películas, todo el mundo sabe cuáles son los efectos más llamativos de la ingravidez -ese flotar en el aire tan característico- pero no conocemos igual de bien lo que este peculiar estado provoca en nuestro cuerpo. La biología es, de hecho, uno de los campos que pueden estudiarse a bordo del Airbus A310 Zero-G, un avión especialmente preparado para realizar los denominados vuelos parabólicos, pero no el único. Promovidos por la ESA se han llevado a cabo desde 1997 más de 1.100 experimentos en física de fluidos, química, estudios sobre materiales, transmisión del calor o astrofísica que han ayudado a lograr significativos avances en la carrera espacial.

Pero no es necesario ser un científico reconocido (o un proyecto de científico en el caso de los estudiantes) para vivir la experiencia de gravedad cero que propone Novespace, la compañía organizadora de los vuelos. Cualquiera puede hacerlo reservando un sitio a través de su web, siempre y cuando se disponga de los 6.000 euros que cuesta el pasaje. A cambio prometen una “sensación extraña e inolvidable”, algo “totalmente mágico e incomprensible para el cuerpo”. Quien describe sus impresiones de forma tan entusiasta es Jean-Francois Clervoy, presidente de Novospace, y astronauta de la ESA, que con más de 3.000 parábolas realizadas asegura vivir “cada una de ellas con la misma ilusión que la primera vez, hace ya más de veinticinco años”.

Aunque el turismo de ingravidez pueda parecer un lujo solo al alcance de unos pocos, su utilidad va más allá del capricho, ya que todos los beneficios obtenidos con estos vuelos son utilizados en el programa científico. Neil Melville-Kenney, coordinador de los vuelos parabólicos en la ESA, cree que aunque en el futuro las misiones espaciales tendrán unos costes más ajustados gracias a la aparición de nuevos actores (lo que permitirá que más gente viaje al espacio), propuestas como las de Novospace seguirán siendo necesarias porque “estar más tiempo en gravedad cero no hace necesariamente que tu experimento sea mejor”. Clervoy, quien se confiesa adicto a las sensaciones que proporciona la microgravedad, la describe como un entorno “mágico y juguetón”, una experiencia que desearía que “todo el mundo pudiera tener, al menos, una vez en la vida”

Edición:  Noelia Núñez | Cristina López
Texto: José L. Álvarez Cedena