ROBóTICA

Los Pocurull, una familia de campeones robóticos

Los Pocurull, una familia de campeones robóticos

Por Noelia Núñez, David Giraldo | 20-06-2018

Bruno, Pol y Edu quieren dedicarse profesionalmente a la ciencia cuando sean mayores. La suya es una vocación temprana (Bruno, el pequeño, tiene 7 años y Edu 14) que, obviamente, no ha surgido por generación espontánea. Escuchándoles hablar sobre su pasión por la tecnología en general y la robótica en particular, uno puede imaginarse las cenas en casa de los Pocurull con los cinco miembros de la familia enzarzados en intensas charlas sobre servos, sensores, acelerómetros y cosas por el estilo, con idéntica naturalidad con la que en el resto de casas se charla sobre Masterchef. Esto es lo que ocurre cuando tus padres ejercen además como entrenadores de tu equipo de la FIRST Lego League.

Esta competición internacional impulsada por Lego desde 1999 es un programa que quiere transmitir a los niños y jóvenes el entusiasmo y la diversión por la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. La competición anima a los participantes a crear ideas, resolver problemas del mundo real (como las energías limpias o la gestión del agua) y superar obstáculos a la vez que aprenden a trabajar en equipo. 90 países de todo el mundo participan en la FIRST Lego League y en la edición de 2018 hubo más de 365.000 inscritos.

Entre esos inscritos, claro, estaban los hermanos Pocurull. Su precocidad científica tiene mucho que ver con la afición de Jordi, su padre, como reconoce Edu, el mayor. “Empecé con la tecnología cuando tenía seis o siete años. Los Reyes me trajeron un Lego Mindstorm, que es como una caja con robots de Lego, y comencé a construirlos con mi padre”. En los ingenios desarrollados por Bruno, Pol y Edu a lo largo de este tiempo pueden adivinarse al menos dos cosas: la primera una intención clara de que sus ideas sirvan para resolver problemas cotidianos a gente que lo necesita (o, dicho de otro modo, conseguir que la robótica nos haga la vida más fácil); y la segunda que los nombres de sus robots (ventiloneitor o jaboneitor) muy bien podrían formar parte de la galería de inventos del villano doctor Doofenshmirtz, de la magnífica serie de animación Phineas y Ferb. Pero sobre todo, lo que se respira detrás de esa pasión tecnológica es, como dice su madre, un aprendizaje: “han aprendido cooperación, trabajo en equipo, comunicación y saber elaborar una idea”.

Texto: José L. Álvarez Cedena