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Nainoa Thompson, el navegante que quiere salvar los océanos

Nainoa Thompson, el navegante que quiere salvar los océanos

Por Zuberoa Marcos | Pedro García Campos | 11-02-2018

Nainoa Thompson

Nainoa Thompson

Presidente de la Sociedad de Navegación Polinesia

Como Marini, el personaje de La isla a mediodía de Julio Cortázar, miramos casi siempre las islas desde lo alto. Puntos apenas distinguibles a través de ventanillas de aviones, suspendidos a miles de metros de altura. Y como Marini nos preguntamos también qué será de la gente de allá abajo, cómo serán sus vidas en esos pedazos de tierra aislados del resto del mundo. Nosotros, la mayoría continental, tenemos la ilusión de que basta con echar a andar (o a rodar) para ir a cualquier lado y se nos antoja extraña y lejana la existencia rodeados de agua.  Ese mismo agua desde donde partió la vida en el planeta y que ahora se encuentra amenazada por la acción depredadora de un sistema económico que parece dispuesto a inmolarse si no cambia de dirección.

Nainoa Thompson, en cambio, sabe lo que es vivir en una isla porque nació en una, en Ohau. Un reconocido destino turístico en medio del Pacífico. La primera de las islas de Hawái que colonizó James Cook en 1778. También el lugar donde se encuentra la base naval de Pearl Harbor, bombardeada por los japoneses en diciembre de 1941 provocando que Estados Unidos entrara en la Segunda Guerra Mundial. Thompson es un polinesio orgulloso de las tradiciones de su pueblo y una de las personas que más ha hecho para mantener su cultura y sus costumbres, pero sobre todo es un navegante empeñado en que todos nos comprometamos con el cuidado de los mares porque, sin ellos, la vida entera en el planeta está amenazada. La cruzada de Thompson, que en la actualidad es presidente de la Sociedad de Navegación Polinesia, le llevó a embarcarse en una aventura increíble: dar la vuelta al mundo en una embarcación tradicional polinesia utilizando los métodos de navegación heredados de sus antepasados. Durante dos años su tripulación recorrió más de 110.000 kilómetros, visitó 23 países e hizo escala en 150 puertos.

Thompson comenzó sus expediciones en 1976 a bordo de la Hokule’a (nombre que significa estrella de la alegría), la primera embarcación construida siguiendo los métodos de sus antepasados polinesios en 600 años. Para Thompson esa mirada hacia el pasado representa también una imagen hacia el futuro, puesto que cada una de sus expediciones ha estado siempre orientada hacia un mismo propósito: tender puentes entre las culturas y las gentes de cada lugar para, a través de la colaboración y el entendimiento, dar un giro a la dirección insostenible que lleva el sistema actual. De ahí que, en un artículo publicado en el Huffington Post, describiera sus viajes como algo que va más allá de la mera aventura: “No exploramos sólo los océanos, sino los límites de la gracia, la compasión y el coraje humanos”.

Edición: Pedro García Campos | Mikel Agirrezabalaga
Texto: José L. Álvarez Cedena