PREOCUPACIONES GLOBALES

Tecnología que nos acerca a los objetivos del milenio de las Naciones Unidas

Tecnología que nos acerca a los objetivos del milenio de las Naciones Unidas

Por José Carlos Rodríguez | 22-09-2016

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Central Park vuelve a albergar un concierto de los que dejan huella. Este sábado Rihanna, Selena Gómez, Metallica o Chris Martin, entre otros, protagonizan esta gran convocatoria de Global Citizen para concienciar sobre los grandes retos de la humanidad. “Creemos”, dice la plataforma, “que podemos acabar con la pobreza extrema en 2030, gracias a las acciones colectivas de los ciudadanos globales en todo el mundo”. Naciones Unidas ha fijado 17 de esos grandes retos, a los que ha llamado Objetivos del milenio. Todos ellos están más cerca de cumplirse gracias a la tecnología.

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Erradicación de la pobreza
De todos los objetivos que podemos compartir, y que la ONU ha hecho suyos, el más urgente es el de reducir la pobreza. No es casual que erradicarla sea el número uno de los 17 que se ha marcado la institución para el año 2030. Según el Banco Mundial, en 1970 vivían en la pobreza extrema 2.218 millones de personas, mientras que en 2015 la cifra se había reducido a 706 millones. Todavía son muchos. La tecnología contribuye directamente a eliminarla, como explica Leila Janah, CEO del Sama Group. Su empresa ha creado 7.200 puestos de trabajo en zonas del mundo asoladas por la pobreza, gracias a las tecnologías de la información. “Yo creo que una economía basada en internet”, dice Leila Janah, “puede sentar las bases de un futuro mejor para los trabajadores porque hace que lo que les pagan, sus beneficios, sean transparentes”.

Buena salud
Desde que se operaban las cataratas en el antiguo Egipto, si no antes, la tecnología se ha puesto al servicio de la salud humana. El ritmo de los avances no ha dejado de acelerarse, y ahora vivimos una era dorada, que va de lo más pequeño a lo más grande. Desde los sorprendentes nanorobots que han adquirido el tamaño de nuestras células para transportar la medicina allí donde la necesitamos, y mejorar el tratamiento del cáncer. También podemos sustituir partes de nuestro cuerpo con prótesis biónicas. Hugh Herr, Premio Princesa de Asturias de Innovación de 2016, nos ha dicho: “Mi misión es contribuir a la misión mundial, global, de acabar con la discapacidad por medio de la innovación tecnológica”.

Reducción de las desigualdades
Acabar con la discapacidad no es sólo una cuestión de salud. También es un modo de reducir las desigualdades. Lama Nachman, directora de computación anticipatoria de Intel Labs, lo ve así: “Me encantaría que llegara un momento en que no tuviéramos que pensar en las personas con discapacidad como en otra categoría”. Nachman ha dirigido el equipo que ha desarrollado la plataforma que permite comunicarse a Stephen Hawking. Es también un ejemplo de cómo la tecnología avanza desde unos pocos, en este caso desde una persona, a todos: Los avances son de código abierto y se pueden adaptar a otras personas con discapacidad.

Educación de calidad
Nos encaminamos a una economía del conocimiento, en la que la educación adquiere una relevancia aún mayor. Ordenadores, tabletas y móviles son la compuerta no sólo a la riada de información, sino también al conocimiento. Salman Khan ha creado una empresa sin ánimo de lucro que permite a cualquier estudiante adquirir y comprender los conocimientos que necesita. Ya no hay barreras a la educación. Incluso se puede invertir el modelo: De hacer pasar a todos los alumnos a curso por año, dejando que avancen pese a tener lagunas, a basarse en que adquieran el conocimiento necesario paso a paso, y que cada estudiante avance más o menos rápido según su capacidad. “Yo creo que internet, cuando se utiliza de forma correcta, es una herramienta increíble para la curiosidad de la gente”, dice Khan. “Si eras curioso hace 30 años, te preguntabas ¿qué puedo hacer? Pero si ahora eres curioso, no tienes excusa para no hacer algo al respecto”.

Quizás podamos aprender en un futuro como Neo, el personaje de Matrix, de forma instantánea, pero con un método menos invasivo que introducir un cable en la base del cráneo: simplemente tomando pastillas de conocimiento. Esto es, al menos, lo que sugiere Nicholas Negroponte. Mientras eso llega, seguimos contando con que las innovaciones nos permitan aprender mejor, dentro o fuera del aula. Luis von Ahn ha logrado un método eficaz para enseñar idiomas de forma gratuita, que se llama Duolingo. Tiene 110 millones de usuarios en todo el mundo, y a la vez que les acerca a nuevos idiomas, aprende de ellos cuál es la mejor forma de enseñarles.

Energías renovables
La energía potencia nuestras acciones y hace más rica la vida en sociedad. Por eso la ONU elige entre sus objetivos el de lograr que la energía sea más accesible y limpia. Las viejas fuentes siguen mejorando, pero las grandes esperanzas están puestas en las renovables y en nuevas formas de extraer la energía de la naturaleza como, por ejemplo, de las plantas. Los árboles luminiscentes podrán sustituir a las farolas en la iluminación de las calles. Y, en lugar de emitir gases de efecto invernadero, consumen CO2. La energía solar ha mejorado tanto en los últimos años que podemos pensar en hacerla ubicua. Nuestras carreteras, nuestros caminos, pueden captar la energía del sol y ponerla a nuestro servicio. Por ejemplo, alimentando las baterías de los coches eléctricos del presente, y del futuro.

Ciudades y comunidades sostenibles
Según las previsiones de la ONU, dos de cada tres personas en el mundo vivirán en una ciudad en 2050. Actualmente es más de la mitad: el 54 por ciento. Por eso es tan importante hacer las ciudades más humanas y sostenibles, uno de los objetivos fijados por la ONU para la próxima década y media. En la ciudad del futuro, todos los objetos hablarán entre sí. Es la visión del director informático de Palo Alto, una población que alberga a varias de las empresas tecnológicas más avanzadas. Jonathan Reichental cree también que hay que buscar nuevas soluciones para los problemas del siglo XXI. A lograrlas se dedica Charles Sheridan, director del Internet de las Cosas de Intel Europe. Participa en el proyecto Cooperate, que estudia el modo en el que los edificios hablan entre sí para optimizar el consumo energético. Los ciudadanos también comparten información, de la que se benefician ellos mismos y los gestores de los servicios públicos de las ciudades.

Hay dos animales de la selva ciudadana que todavía quedan por domesticar por la tecnología: los coches y los edificios. Los primeros serán cada vez más inteligentes, hasta el punto de que se conducirán solos. Liberados de la tarea de conducir, aprovecharemos el tiempo del trayecto, y no será ya tan necesario poseer un coche, pues los vehículos autónomos funcionarán como un Uber sin conductor, dando servicio de forma permanente. Esto es lo que dice Ryan Chin, director del proyecto City Science Initiative, de MIT Media Lab. The Edge, en Amsterdam, es el edificio más inteligente del mundo. Reacciona a las necesidades de los trabajadores. Éstos no tienen una oficina fija, sino que The Edge les dice dónde es mejor que acudan, en función de lo que necesiten cada día. Alimenta sus necesidades energéticas con placas solares y gestiona su consumo de forma eficiente.

Flora y fauna
La sostenibilidad del clima, la vida submarina y los ecosistemas terrestres son tres de los 17 objetivos fijados por la ONU. El hombre lleva milenios dejando una huella en el medio ambiente. Ahora la podemos entender mejor, por ejemplo midiendo la distribución y las concentraciones de CO2 en la atmósfera, como hace el proyecto OCO-2 de la NASA. Su director, David Crisp, considera que “comprender los procesos que rigen el dióxido de carbono de nuestra atmósfera, tanto su acumulación como su absorción, es importantísimo para poder controlar las emisiones de CO2 en el futuro”.

Otro problema de escala global es el de los plásticos que vagan por los océanos y que condicionan la vida marina. Limpiar los océanos con barcos llevaría 79.000 años, y tendría un coste de decenas de trillones de euros, un modo de decir que es absolutamente imposible. Pero la tecnología está para hacer posible lo que no lo es, y Boyan Slat, un holandés de 22 años, ha desarrollado la que puede limpiar de plásticos los océanos. “Consiste”, nos explica, “en una larga hilera de barreras flotantes ancladas al fondo del mar. Podríamos decir que funciona como una costa artificial. El plástico se mueve con la corriente, y al encontrarse con esta barrera, se detiene. Mientras que los animales marinos pueden pasar por debajo”. Ahora la solución tiene una escala humana: “Colocando una barrera de cien kilómetros durante diez años, podríamos limpiar la mitad de la mancha de basura del Pacífico”.

Alianzas para el logro de los objetivos
El último de los objetivos del milenio pasa, entre otras cosas, por crear alianzas. Megan Smith, que es la mano derecha de Barack Obama en tecnología, impulsó una cumbre mundial de soluciones, en la que se presentaban proyectos de todo el mundo en los que la tecnología se pusiese al servicio de las causas más humanas. Como llevar los últimos avances a zonas remotas, como el Amazonas, gracias a unos laboratorios flotantes. O plantar mil millones de árboles al año con un equipo de sólo 150 personas, gracias a los drones.

El impulso de la sociedad, de sus organizaciones (empresas, universidades e instituciones públicas), es el motor que logra identificar los grandes problemas y ponerles solución práctica. A veces es sólo a pequeña escala, pero en otras ocasiones el ingenio se sobrepone a los mayores retos. Y el catalizador de esos avances es la tecnología.